Un poco de acción aleja la depresión


"Con un poco de constancia y luego de un par de días, empecé a sentir los beneficios que tanto nos recuerdan sobre el ejercicio así como una sensación de estar haciendo algo positivo en mi vida."




Si algo tienen en común todos los artículos de los periódicos, revistas, la televisión o internet en los que se habla sobre la depresión es en este consejo: “Realiza alguna actividad física”. Por lo regular se refiere a actividad física moderada. 

Los beneficios que se derivan de realizar ejercicios son innumerables. Parece que nuestro cuerpo trabaja de forma óptima cuando lo exponemos a una rutina de ejercicios determinada con el fin de fortalecerlo. 

Pero debemos ser conscientes que, cuando estamos atrapados por el pesado manto de la depresión, encontrar la fuerza para realizar ejercicio es una tarea titánica. ¡Si apenas tenemos fuerzas para levantarnos de la cama! Sin embargo, este es un consejo que por experiencia te invito a probar. 

Si bien es cierto que no soy la persona más atlética del mundo y que nunca he practicado un deporte con constancia (de niño practiqué taekwondo y años más tarde gimnasia pero sin llegar a dominar ninguno de los dos), el ejercicio nunca ha estado tan alejado de mi vida. Pero en muchas ocasiones, mi estado depresivo ha saboteado todos los intentos de llegar a alcanzar un nivel físico deseado. 

Hace algunos años leí el libro “Tu puedes sanar tu vida” de Louise Hay, libro que te recomiendo leas cuando tengas la oportunidad. En este libro, la autora nos indica que si estamos dispuestos a cambiar el rumbo de nuestras vidas, podemos empezar a hacerlo por donde nos sea más fácil: puede ser limpiando y ordenando nuestro armario, ordenando aquellos papeles que tienes amontonados en tu escritorio o alguna otra tarea sencilla que te dé la sensación de estar realizando un cambio. 

Pues tomando este consejo me di cuenta que no se me haría tan difícil empezar una pequeña y sencilla rutina de ejercicios todas las mañanas. Mi rutina consistía simplemente en hacer 10 lagartijas (despechadas, flexiones o cualquier otro nombre con que lo conozcas en tu país), 10 abdominales y 10 sentadillas. Nada más. Esta rutina me llevaba solo 15 minutos. 

Con un poco de constancia y luego de un par de días, empecé a sentir los beneficios que tanto nos recuerdan sobre el ejercicio así como una sensación de estar haciendo algo positivo en mi vida. 

No te mentiré: hubo días en que no tuve el ánimo para realizarlo y que incluso hubo una semana o dos en las que fallé en ser perseverante, pero yo sabía que lo importante era reconocer que mientras no me diera por vencido y empezara de nuevo luego de cada caída, los beneficios derivados de la actividad física me ayudarían a mantener la depresión a raya.   
Puedo decir con seguridad que esta es una de las herramientas más útiles para mantener a la depresión alejada.

Pero no me malentiendas. No quiero decir con esto que, si estas en la etapa más profunda de tu estado depresivo te levantes y empieces a hacer ejercicio. No es tan fácil. Yo he pasado por ese momento cuando la depresión nos tiene tan atados y maniatados que solo somos capaces de realizar tareas tan vitales como respirar y existir. No hay fuerza para nada más. Somos como vegetales humanos.  

El estado depresivo tiene ciclos, tiene puntos altos y puntos bajos. Por eso, cuando la depresión te dé un respiro, cuando estés pasando por uno de estos “puntos bajos” o como me gusta llamarlo una “ventana de oportunidad” y sientas un poco más de fuerza y ánimo, no desaproveches a probar con una sencilla rutina de ejercicios físicos. Puede ser algo tan sencillo como dar una o dos vueltas a la manzana, salir a caminar por un parque o área verde cercana. Y si planeas realizar una rutina como la que yo hago, puedes empezar haciendo solamente 5 lagartijas nada más e ir agregando luego 5 repeticiones de los demás ejercicios. ¡Lo importante es empezar a ponerte en movimiento!

Concluyo recordando algunos beneficios de realizar una actividad física que se mencionan en un artículo de la revista SportLife sobre la depresión y el ejercicio:
  • Aumenta la energía vital,
  • Mejora el descanso,
  • Ayuda a descargar las sensaciones de frustración y hostilidad,
  • Facilita la disminución de peso y aumenta la autoestima,
  • Equilibra el apetito, aumentándolo en los casos de inapetencia o disminuyéndolo en el caso contrario.

 Así que, ¡aprovecha tu ventana de oportunidad y ponte en movimiento!

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