El problema del pensamiento positivo

"Muchas personas confunden su depresión al enfocarse solo en un síntoma, sin ver todo el panorama."
“Los pensamientos son cosas, cosas muy poderosas” dice Napoleón Hill en su libro Piense y Hágase Rico. Y es cierto que los pensamientos son cosas. Cosas que pueden perjudicarnos o ayudarnos a construir una vida más plena y feliz.
Si quisiéramos hacer una
división, podríamos decir que los pensamientos pueden clasificarse en positivos
y negativos. Aunque puede que sea una clasificación muy simplista nos será útil
para el tema que tocamos en este post.
Si buscas en Google, una de las
definiciones de pensamiento positivo es:
“Pensamiento
positivo es ver las cosas que
pasan desde una perspectiva más alegre, enriquecedora y optimista.”
www.significados.com
Intenté encontrar el significado
de pensamiento negativo, pero todos los artículos que consulté le daban
demasiadas vueltas al asunto por lo que hice mi propio concepto basándome en el
concepto de pensamiento positivo que coloque arriba. Este sería:
“Pensamiento negativo es ver las
cosas que pasan desde una perspectiva más triste, poco enriquecedora y
pesimista”
David Santisteban, invirtiendo el concepto de www.significados.com
La verdad es
que a estas alturas no creo que necesites una definición de que es un
pensamiento positivo o negativo. Creo que tú ya lo sabes y reconoces la
diferencia entre una y otra por experiencia propia.
Pensar
positivamente es mucho mejor que hacerlo negativamente. Dice Zig Ziglar, un
conferencista motivacional muy destacado en EE. UU.: “El pensamiento positivo te dejará hacer
mejor cualquier cosa que el pensamiento negativo.”
Pero, ¿cuándo puede el
pensamiento positivo convertirse en un problema, como lo indica el título de
este post? Puede ser un problema si lo interpretas mal como yo lo hice antes de
descubrir que sufría de depresión. Déjame contarte como pasó todo:
Cuando inicié la universidad, uno
de los primeros cursos que llevé se llamaba “Desarrollo Humano y Profesional”.
En este curso se nos explicaba un poco sobre como el pensamiento positivo es
necesario para lograr el éxito. Leí durante ese curso el libro “Porque los pensadores positivos obtienen
resultados poderosos” de Norman Vincent Peale, un libro muy bueno, como
todos los que escribió Mr. Peale. Lo cierto es que al finalizar el curso yo
entendía que, si quería tener éxito en mi carrera (estudiaba administración de
empresas) debía pensar positivo y de hacerlo así, sería algún día un
profesional exitoso.
Mientras el tiempo iba pasando y
me iban sucediendo cosas desagradables como les ocurren a todas las personas,
encontré que pensar positivamente no era tan fácil como yo esperaba. En algunas
ocasiones mis pensamientos y actitudes no eran consistentes con lo que había aprendido
en la universidad, por lo que yo mismo me catalogué muchas veces como “una
persona pesimista”. Yo tenía ese defecto, esa debilidad.
Había momentos en que no tenía
energía para emprender algún objetivo que anteriormente me había trazado. En
otras ocasiones, por más positivo que intentara pensar, los pensamientos
negativos me vencían. Incluso, poco a poco, empecé a sentir poco interés por
mis estudios. Hacer tareas se convirtió en algo pesado y muy trabajoso de
lograr. Ganar o perder exámenes me importaba poco. Como no afectaba a nadie más
que a mí, no tenían la menor importancia. Y así se fueron dando otras actitudes
similares a estas.
“Si estás pensando negativamente,
debes cambiar tus pensamientos y reemplazarlos por pensamientos positivos” me decía
a mí mismo. Era una solución bastante simple en apariencia. Entonces, con esta
orden en la mente, corría a la librería más cercana (el internet aún no se
usaba tanto como ahora) y compraba algún libro que me enseñara como pensar
positivamente.
Al final terminé con un sinnúmero de libros de
autoayuda, de distintos autores y temas, orientados todos a cambiar mis
pensamientos. Es cierto que aprendí muchas cosas buenas de estos libros y
muchas aún me son útiles, pero el pensamiento negativo siempre lograba ganarme
la partida.
Mantuve esta lucha por espacio de
5 o 6 años, hasta que hubo ciertos cambios en mi empleo, los cuales me dejaban
“demasiado tiempo libre” para pensar en lo mal que estaba manejando las cosas y
en mi gran defecto: ser una persona negativa. También, en ese tiempo dejé mis
estudios universitarios. Ya no le encontré sentido a seguirlos y ya no podía
costearlos.
Así, no recuerdo bien como, es
que llegué al conocimiento sobre la depresión. Al principio no lo asocié a mi
situación, pero poco a poco se hacía más claro que durante todo este tiempo
estuve luchando contra uno de los síntomas de la depresión y no con la
depresión misma. Atacaba el síntoma, sin llegar a la raíz real del problema.
Al final, reconocí que sufría de
depresión y que debía enfocarme en ella y que además, pensar de forma negativa
es un síntoma más de la enfermedad.
Con este enfoque las cosas han
ido cambiando y he comprendido mucho de mi situación. Ahora ya no me critico
tanto por pensar negativamente, sino que entiendo su origen.
Así como yo, muchas personas
confunden su depresión al enfocarse solo en un síntoma, sin ver todo el
panorama.
Esto tampoco significa que todos
aquellos que piensan negativamente estén pasando por una depresión. Es por eso
que es importante informarse bien y buscar la orientación necesaria.
El pensamiento positivo no es un
problema. Al contrario, es de gran ayuda para afrontar los sinsabores de cada
día.
Conforme la depresión se va
disipando, lo van haciendo también los pensamientos negativos.
Debes entender que el problema no
eres tú. Estás enfermo y los pensamientos negativos son otro de los síntomas.
Se paciente contigo mismo y con
tu proceso de sanación.
¡Horizontes claros y positivos
para ti!
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