Enmascarando la depresión

"Ocultar nuestra depresión detrás de la máscara de la normalidad es una forma de defensa ante el ataque de aquellos que no nos comprenden."
Si tú pudieras conversar con las
personas que me conocen y les preguntaras si yo tengo o he tenido depresión,
todas te contestarían que no, David no tiene ni ha tenido depresión jamás. Esto
me convierte en algo así como “un maestro del disfraz” o algo parecido.
La realidad es que no me gusta
compartir mis asuntos personales con las demás personas, ¡y no hay nada más
personal que una depresión!
Al ser algo que no siempre tiene
manifestaciones externas y físicas evidentes como ocurre con otros padecimientos,
las enfermedades de la mente suelen ser incomprendidas y hasta podrían catalogarse
como invisibles, pero ahí están, dentro de nuestras cabezas. Es por esta misma
razón que se hace fácil ocultarlas también.
Existen algunas diferencias en como
los hombres y las mujeres manejan su depresión. Para ellas no es tan difícil mostrar
sus sentimientos frente a otros (existen sus excepciones, claro), pero en el
caso de los hombres esto no es tan sencillo. Y todo gracias a la imagen de
valentía que se supone que los hombres debemos mostrar.
En mi caso particular, mostrar
mis sentimientos ante otros no es una opción. Puedo mostrarme alegre, amable,
amistoso o empático ante los problemas de los otros, pero no me permito
mostrarme triste, temeroso, iracundo o algún otro tipo de sentimiento que
muestre que no tengo control sobre mis emociones.
Es la manera como fui criado
y se me hace difícil cambiarlo. Y en cuanto a mostrarme deprimido mucho menos. En
mi mente depresión era igual a debilidad.
Voy a contar uno de los episodios
más difíciles de mi etapa depresiva:
Siempre me he desempeñado en trabajos
de oficina, por lo que la presentación personal es importante. Y cualquier
persona que me hubiera visto en los tiempos en que iniciaba mi problema
depresivo no hubiera visto ningún problema en mi arreglo personal. Lo que estas
personas no sabían es que debajo de ese vestuario planchado y limpio, había un
cuerpo que no había probado el baño por casi dos meses.
Es vergonzoso decirlo pero hubo períodos
en que bañarme se me hacía la cosa más difícil del mundo. En sí, mi cuidado
personal lo era. No tenía ánimo para dedicarle tiempo a mi arreglo propio.
Recuerdo una ocasión en que mis pies parecían los de un vagabundo, negros por
la mugre. ¡Qué tristeza me da recordar ese tiempo!
Y así como ocultaba mi descuido
físico, lo hacía con mis emociones: para los demás parecía una persona
tranquila y normal, cuando en realidad mis pensamientos me mataban por dentro. Como
siempre he sido un hombre reservado y de temperamento tranquilo pues no era la
cosa tan difícil.
Pero, aunque queramos ocultar
nuestro mal, siempre hay aspectos que se nos escapan y que pueden serle útiles
a aquellas personas que tienen familiares o amigos que enmascaran su depresión
y no desean ser ayudados:
- Dormir demasiado o dormir menos de lo habitual (insomnio),
- Falta de interés por las cosas que antes nos entusiasmaban (deportes, diversiones, pasatiempos)
- Mal olor corporal o uso exagerado de perfumes y lociones,
- Aumento en el consumo de bebidas alcohólicas u otros estimulantes (café, té, bebidas de cola),
- Alejarse de amigos, familiares y conocidos, buscando permanecer en soledad,
- Cambios drásticos de humor (irritabilidad, llorar sin motivo aparente, agresividad)
- Usar la habitación o dormitorio como un refugio del cual no se quiere salir ni dejar entrar a nadie,
- Pérdida de apetito o aumento del mismo (usar la comida para aliviar las emociones).
Seguramente habrá mas claves para
reconocer depresiones enmascaradas. Enumeré las que he
experimentado.
Alguien podrá preguntarse: ¿por
qué ocultar esta enfermedad cuando lo mejor es pedir ayuda?
Esa es una pregunta muy lógica y
buscar ayuda es la opción más sensata, pero cuando estamos en medio del huracán
depresivo, no somos capaces de actuar con mucha lógica.
Imagínate al individuo que disimula
la depresión en su trabajo porque, al informarlo, sabe que será despedido por
no ser apto mentalmente. O el chico que no le dice a su padre que tiene meses sintiéndose
triste y desolado y sabe que será tachado de débil y de “mariquita”.
Como lo planteamos en el post
anterior (“Qué ayuda y qué perjudica cuando se habla de depresión”), los
depresivos odiamos escuchar frases como: “eso solo está en tu cabeza”, levanta
ese ánimo”, “mira el lado bueno de las cosas” o los que yo escuché en su
momento: “parece como si tuvieras el espíritu muerto”, “mira el ejemplo de las
personas con discapacidades que siguen adelante con su vida”, “si vistes de
negro eso refleja cómo estás por dentro”, “No seas haragán. Siempre te la pasas
durmiendo”, y otras muchas más.
Y para evitar escuchar esas
frases odiosas que solo muestran que no somos comprendidos, preferimos ocultar
nuestro mal a los ojos de los demás.
Ocultar nuestra depresión detrás de
la máscara de la normalidad es una forma de defensa ante el ataque de aquellos
que no nos comprenden. Pero implica el riesgo de no obtener la ayuda que necesitamos
y que podemos necesitar con urgencia.
Como dije al inicio, soy muy
bueno para ocultar mi depresión así que ¿qué consejo puedo dar cuando se que en
el fondo no estoy haciendo lo correcto?
Lo único que se me ocurre decirte
es que no hagas lo mismo que yo. No te
encierres dentro de tu caparazón. Cuanto más pronto busques ayuda, más rápido
saldrás de la depresión.
La depresión nos roba tiempo
valioso que podríamos utilizar en vivir
la vida que merecemos.
¡No dejes que esta enfermedad te
robe más tiempo!
Ese tiempo robado jamás lo
vuelves a recuperar. Te lo digo por experiencia.
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